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HISTORIA DE UN ISLEÑO ANÓNIMO

Actualizado: 13 may 2022

La fotografía me dio muchas satisfacciones y una de ellas es cuando alguien me cuenta alguna historia sobre algo que yo fotografié.



Una madrugada de diciembre, bien temprano, salimos a remar en kayak para ver el amanecer en el muelle público del Arroyo Espera y Rama Negra.


Entre el silencio de las primeras horas del día, cuando todas las aves cantan, se escuchaba desde lejos el motor de la lancha isleña que se acercaba. Lo vi venir y no pude evitar sacarle una foto.


A la semana siguiente volvimos y a la misma hora nuevamente volvió a pasar. Y una vez más, las fotos.




Pero mi mayor sorpresa fue cuando unos días después de haberla publicado en Instagram me escribió su hija quien me contó, emocionada, que el señor de la foto es su papá y que todas las mañanas de su vida se despierta muy temprano para ir a trabajar en su lancha.


Y no quise saber más. No sé su nombre, no sé donde vive. Solo supe con cuánto orgullo me contaba su historia. Y cuanto se emocionó al ver a su padre en estas fotos porque ella, su hija, ya no vive en la isla sino que se mudó a la ciudad.


Estas son las grandes cosas maravillosas que tienen las redes sociales. Muchas veces hablamos de los problemas que nos trajo pero también hay que reconocer que en varios aspectos también nos une.Y con eso me quedo.









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